La tarde del Sábado 24 de julio se consumaron los peores temores de ambientalistas, instituciones que velan por la protección del medio ambiente, organismos internacionales y la sociedad en general: los legisladores de la república antepusieron sus intereses y los de aquellos que apuestan por un falso modelo desarrollo sin importarle la sostenibilidad y preservación del medio ambiente. Aprobaron la “Ley sectorial de áreas protegidas” aún con todos sus errores técnicos, conceptuales, incongruencias y barbaridades.
De poco sirvieron los argumentos científicos y las advertencias hechas por las principales entidades de carácter mundial para que se reconsideraran los planteamientos del proyecto, tampoco hubo oídos para atender la voz de las más importantes legaciones diplomáticas que se opusieron a este adefesio que hoy pretenden convertir en Ley, pués no dudamos para nada que el ejecutivo la promueva de inmediato, toda vez que se ha demostrado hasta la saciedad los poderosos intereses que han impulsado desde el principio la premura y tozudez con que se actuó en el congreso.
Se equivocan aquellos que piensan que han vencido la voluntad de quienes nos mantendremos defendiendo el patrimonio natural de nuestro país, en lo inmediato emprenderemos una serie de acciones tendentes a neutralizar la aplicación de la nefasta ley, acudiendo inclusive ante la Suprema Corte de Justicia para demostrar la inconstitucionalidad de varios de los acápites aprobados con el más soberbio de los descaros.
Es excelente la oportunidad para que la sociedad exija (y lo propio deberían hacer los legisladores que se interesen por despejar las dudas) que se investiguen los rumores de que sobornos y prebendas motorizaron la forma atropellante en la que se ha aprobado el proyecto, moviendo a suspicacia cómo un grupo de legisladores que se habían comprometido a rechazar su aprobación de pronto cambiaron de opinión a la hora de votar.
La SOECI cree firmemente que al final la cordura y el respeto se impondrán y que esta ley será revertida, para ser ponderada en una discusión más técnica y detenida dadas las propuestas trascendentales implícitas en este proyecto, donde por sobre todo está en juego lo más valioso de nuestros ecosistemas y el futuro mismo de nuestra identidad como república.
Aquellos legisladores que se sumaron a este complot de mal gusto deben recordar que hoy ellos se olvidaron de los intereses del pueblo, pero les asegruamos que nosotros y ese mismo pueblo no nos olvidaremos de ellos en las próximas elecciones.
La lucha no termina, más bien apenas se inicia.